Pablo, preso por el evangelio, interrumpe su carta y se arrodilla. No pide que a los efesios les vaya bien: pide que sean fortalecidos por el Espíritu, que Cristo habite en su corazón por la fe y que queden , capaces de conocer .
El destino de esa oración es inmenso: que seamos llenos de . No un poco de Dios para sobrevivir, sino Dios entero habitando una vida pequeña.
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Hay días en que la fe se siente firme y días en que todo se mueve: una noticia, un miedo, un silencio de Dios. En esos momentos no nos sostiene lo que sabemos de memoria, sino aquello en lo que estamos realmente enraizados.
Pablo oraba desde una cárcel, con cadenas en las manos, y aun así hablaba de riquezas y de plenitud. Algo lo sostenía por debajo de las circunstancias. Esta lección es una invitación a descubrir qué era, y a dejar que esa misma raíz crezca en ti.
Pablo «dobla sus rodillas ante el Padre» y pide primero fuerza interior: ser . El fin de esa fuerza no es el esfuerzo, sino la hospitalidad: que Cristo habite por la fe en el corazón, hasta quedar y cimentados en amor .
Desde esa raíz pide lo imposible: comprender la anchura, longitud, profundidad y altura, y conocer . Se conoce amando, no solo estudiando.
En el griego, «arraigados» es una imagen agrícola (echar raíz) y «cimentados», de construcción (poner fundamento). Pablo mezcla el árbol y el edificio: lo vivo y lo firme a la vez. Y el amor no es el adorno de la casa: es el suelo mismo en el que se hunden la raíz y el cimiento.
Ese amor inmenso tiene rostro y nombre: es el revelado, «». No conocemos un amor abstracto, sino a Jesús que vino, murió, resucita y ahora habita el corazón por la fe. La plenitud de Dios no se descarga como información: se recibe recibiéndolo a Él.
Todos estamos enraizados en algo: en la aprobación de otros, en lo que logramos, en el miedo a perder. Esas raíces nos sostienen un tiempo y luego se secan. Pablo ora para que la tuya se hunda en el amor de Cristo, un suelo que no se agota.
No tienes que fabricar ese amor ni merecerlo. Tu valor no depende de cuánto produces, de tu salud, tu edad o tu familia: eres amado antes de hacer nada. La pregunta del espejo es sencilla y honda: ¿estás dejando que Cristo habite de verdad tu corazón, o lo tienes de visita en la sala mientras el resto de la casa sigue cerrada?
1. Pablo pide «comprender con todos los santos» la medida del amor de Cristo . ¿Por qué crees que este amor se conoce mejor en comunidad y no a solas? ¿Dónde lo estás viviendo tú con otros?
2. La oración termina en que Dios «es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» . ¿En qué área de tu vida has achicado lo que le pides a Dios? ¿Cómo cambiaría tu oración si creyeras esto?
No tienes que entender todo para orar esta oración. Arrodíllate con Pablo, aunque sea por dentro, y deja que el Espíritu fortalezca tu hombre interior. El amor de Dios ya «ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo» . Solo recíbelo.
Padre, doblo mis rodillas ante ti. Fortalece mi hombre interior por tu Espíritu. Que Cristo habite por la fe en mi corazón; hunde mi raíz en tu amor. Enséñame a conocer el amor que excede todo conocimiento y lléname de toda tu plenitud, porque sin Jesús nada puedo. En Cristo. Amén.
Que no te conformes con saber de Jesús: que lo conozcas hasta quedar lleno de Dios, y que toda la gloria sea «a él en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades» .
📖 Abre tu Biblia en: Efesios 3
Pablo pasa de la oración a la vida diaria: en Efesios 4 nos llama a «andar como es digno» de este amor, cuidando la unidad del cuerpo. La raíz dará fruto en cómo vivimos juntos.
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