El rey Joacim escucha leer el de Dios, y columna por columna lo corta con su cuchillo y lo arroja al fuego (). Cree que así silencia al cielo. Pero Dios le dice a Jeremías: vuelve a escribirlo todo ().
La ceniza no tiene la última palabra. Lo que Dios ha dicho permanece para siempre (), y esa Palabra que no se destruye se hizo carne en Jesús, el .
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Joacim tuvo dos opciones frente a lo que Dios decía: doblar su corazón o romper el papel. Eligió lo segundo. Es más fácil destruir el mensaje que arrepentirse del pecado que señala.
Todos conocemos ese momento: un versículo nos toca donde duele, y la tentación es cerrar la Biblia, cambiar de tema, "quemar el rollo" en nuestro interior. Pero la Palabra que incomoda es la misma que sana. Veamos qué pasó en aquel palacio.
Dios manda a Jeremías escribir en un todo lo que ha dicho; el escriba Baruc lo escribe y lo lee en el templo. La noticia llega al rey. En su casa de invierno, junto al brasero, Joacim escucha leer y, cada tres o cuatro columnas, las corta y las echa al fuego hasta consumir todo el rollo ().
Pero la respuesta de Dios es serena y demoledora: «Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras» (). El rey gastó su cuchillo; la Palabra ni se inmutó.
El gesto de Joacim contrasta con el de su padre Josías, que al oír la Ley rasgó sus vestiduras en humildad. Joacim rasga el rollo en vez de su corazón. En el mundo antiguo, quemar un documento era intentar anular su poder; aquí solo revela la dureza del rey. El segundo rollo, además, se escribió con más palabras aún: la Palabra rechazada no mengua, crece.
Esa Palabra indestructible tiene rostro. «En el principio era el … y aquel Verbo fue hecho carne» (). También a Jesús lo quisieron callar en una cruz, y al tercer día «volvió a escribirse» la vida. Él mismo dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» ().
Hay rollos que quemamos sin cuchillo: el versículo que saltamos, la convicción que silenciamos, el perdón que posponemos. Joacim creyó que al destruir el papel se libraba del Dios que hablaba. No funciona. La Palabra siempre vuelve, porque Dios no cambia de parecer sobre su amor ni sobre la verdad.
La buena noticia es que esa Palabra no vuelve para condenarte, sino para rescatarte. Vuelve en Cristo, lleno de gracia y de verdad. Lo que incomoda tu pecado quiere sanar tu vida.
1. Lee . ¿Qué te dice sobre Dios el hecho de que mandara escribir el rollo otra vez, en lugar de rendirse ante el rey?
2. Isaías lo resume: «la palabra del Dios nuestro permanece para siempre» (). ¿Qué "rollo" has estado evitando últimamente, y qué cambiaría si lo dejaras hablar a tu corazón?
Deja que la Palabra que Joacim quiso quemar hable hoy a tu corazón. No para herirte, sino para quedarse. Respira y recíbela como lo que es: viva y eficaz ().
Señor, tantas veces quise quemar el rollo que me incomodaba.
Hoy rasgo mi corazón, no tu Palabra.
Gracias porque Tú no te rindes conmigo:
vuelves a escribir tu verdad en mí.
Jesús, Verbo hecho carne, habla y me quedo contigo.
En Cristo. Amén.
Los reyes pasan, los imperios se queman, las modas se marchitan. Lo que Dios dice queda en pie, y queda en pie para siempre en Cristo, para gloria del Padre.
📖 Abre tu Biblia en: Jeremías 36
Joacim quemó el rollo, pero la Palabra siguió. Pronto veremos cómo Jeremías, en medio del juicio, anuncia un pacto nuevo escrito no en papel sino en el corazón.
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