Tomás no estaba cuando Jesús se apareció, y dijo que no creería sin ver y tocar. Ocho días después, Jesús vuelve —justo por él— y le dice: "pon aquí tu dedo… y no seas incrédulo, sino " ().
Y Tomás pronuncia la mayor confesión del Evangelio: "¡ mío, y mío!" (). Jesús responde: "bienaventurados los que no vieron, y creyeron" () — es decir, nosotros. Y Juan revela para qué escribió todo esto: "para que creyendo, tengáis vida en su nombre" ().
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A veces creemos que la fe es solo para quienes nunca dudan. Tomás nos dice lo contrario: dudó, puso condiciones, exigió pruebas. Y Jesús no lo rechazó: volvió especialmente por él y lo llevó de la duda a la confesión más alta de todo el Evangelio. La fe no es no tener preguntas; es dejar que Jesús se encuentre contigo en medio de ellas.
Ven a este cierre del Evangelio de Juan: verás que hay lugar para el que duda, que Jesús es "Señor y Dios", y que todo se escribió para que tú creas y tengas vida en su nombre.
Toca cada maestro para escucharlo. Ninguno se luce: todos te llevan a Cristo.
"No seas incrédulo, sino (creyente)" (). "Pisteuo" es creer, confiar, entregarse; es el verbo central de Juan, y aparece también en el propósito del libro ().
Tomás confiesa a Jesús con dos títulos supremos: " (Señor) mío, y (Dios) mío" (). Es la declaración más alta del Evangelio: Jesús es Señor y Dios.
Juan abrió su Evangelio diciendo "el Verbo era Dios" (en Juan 1), y lo cierra con Tomás diciendo "Señor mío y Dios mío" (). El libro entero está enmarcado por la afirmación de la divinidad de Cristo.
🔬 Pincelada breve: y aquí Juan declara por qué escribió: "estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (). No es un libro para informar, sino para llevar a creer y a la vida. Y hay una bienaventuranza dirigida a los lectores futuros: "bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (). Esa fe que se apoya en el testimonio —no en la vista— es la nuestra.
🖼️ Una figura arrodillada en penumbra con las manos abiertas hacia una luz cálida; gesto de rendición y confesión. Del desconcierto a la adoración. Sobrio, íntimo, esperanzador.
La Escritura ya definía la fe así: "la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (). No es un salto a ciegas, sino confianza fundada en Dios y su palabra.
Por eso el camino de salvación pasa por creer y confesar: "si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" ().
🕊️ Bálsamo: fíjate en la ternura de Jesús: no reprendió a Tomás por dudar; volvió especialmente por él y le ofreció justo lo que necesitaba (). Si cargas dudas, preguntas o una fe tambaleante, esto es para ti: Jesús no te descarta; se acerca. La fe no exige que nunca dudes, sino que traigas tus dudas a Él. Y si crees sin haber visto, hay una bendición especial con tu nombre: "bienaventurados los que no vieron, y creyeron" ().
🔥 Fuego (con amor, no con látigo): pero la duda honesta busca a Jesús; no se queda cómoda en la incredulidad como excusa. Tomás no se quedó en "no creo": cuando se encontró con el Resucitado, cayó rendido: "¡Señor mío y Dios mío!" (). La pregunta es: ¿estás buscando de verdad, dispuesto a rendirte cuando Él se muestre, o usas la duda para no comprometerte? Creer es también entregar el señorío: llamarlo "Señor mío".
🙏 De la duda a la fe: Jesús vuelve por Tomás (Jn 20:27). 👑 Señor mío y Dios mío: la confesión más alta (20:28). 💛 Bienaventurados: los que creen sin ver (20:29); a quien amáis sin haberle visto (1 P 1:8). 📖 El propósito: creer y tener vida en su nombre (20:31). ✝️ En Cristo: confesar y creer para ser salvo (Ro 10:9); por fe andamos, no por vista (2 Co 5:7). 🗣️ Hoy, cree y vive.
"Bienaventurados los que no vieron, y creyeron." (Juan 20:29)
1. Lee y junto con . ¿Qué duda o pregunta necesitas traerle hoy a Jesús? Escríbelo.
2. Lee y . Escribe tu propia confesión, con tus palabras, de que Jesús es tu Señor y tu Dios. Hazla oración.
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Frena un instante antes de seguir. Trae a Jesús tus dudas y confiésalo como tu Señor y tu Dios.
Señor Jesús, como a Tomás, vienes también por mí en medio de mis dudas, sin reproche, con amor. Gracias porque no exiges que nunca dude, sino que traiga mis preguntas a ti. Hoy te confieso con todo mi corazón: eres mi Señor y mi Dios. Creo; ayuda mi incredulidad. Dame la vida que hay en creer en tu nombre, y hazme dichoso creyendo sin haber visto. A ti me entrego. Amén.
Trae tus dudas a Jesús, confiésalo como tu Señor y Dios, y recibe la vida que hay en creer en su nombre. A él sea la gloria por los siglos. Amén. (Ro 11:36)
📖 Abre tu Biblia en: Juan 20:24-31
Cerraste el recorrido por Juan: del "Verbo se hizo carne" (Jn 1) al "Señor mío y Dios mío" (Jn 20). Conociste quién es Jesús, lo que da y lo que hizo por ti. El camino continúa en Hechos: cómo el Espíritu impulsó a la iglesia a llevar esta buena noticia hasta lo último de la tierra.
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