El pueblo vuelve del quebranto y clama por restauración. Dios ya perdonó , pero el corazón todavía pide: «¿No volverás a darnos vida?» . Y entonces el salmo se eleva a una visión asombrosa: la y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan .
Lo que parecía imposible —que la justicia perfecta de Dios y su paz hacia el pecador convivieran— se cumple siglos después en una cruz, donde «la verdad brotará de la tierra» toma rostro en Jesús, lleno de y de verdad.
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Hay momentos en que ya no pedimos cosas nuevas, sino que vuelva lo que se apagó: las ganas, la esperanza, el gozo que un día tuvimos. El salmista conoce ese lugar. Su pueblo ha sido perdonado, pero todavía se siente lejos del fuego que antes ardía. Y en vez de resignarse, se atreve a orar: «¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?» .
No es una queja; es una esperanza valiente. Cree que Dios no terminó su obra, que el mismo que perdonó también restaura. Hoy ese clamor sigue vivo, y tiene respuesta: un nombre, un rostro, una cruz.
El Salmo 85 tiene dos movimientos. Primero recuerda lo que Dios ya hizo: fue propicio a su tierra, perdonó la iniquidad, cubrió el pecado . Luego ora por el presente: «Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación» , y escucha lo que Dios responde: «hablará a su pueblo» .
Entonces llega el verso que ilumina todo: «La y la se encontraron; la justicia y la paz se besaron» . Cuatro atributos de Dios que parecían ir por caminos opuestos se abrazan como viejos amigos.
En hebreo esos cuatro nombres —chesed (amor fiel), emet (verdad firme), tsedeq (justicia) y shalom (paz plena)— no son conceptos fríos: el poeta los presenta casi como personas que salen al encuentro y se besan. La pregunta que late debajo es profunda: ¿cómo puede un Dios justo pasar por alto el pecado y aun así dar paz? La justicia pide cuenta; la misericordia perdona. El salmo anuncia que, de algún modo, Dios hará que ambas se encuentren sin anularse.
Ese encuentro imposible tiene lugar en la cruz. Allí la justicia de Dios cayó plena sobre Cristo, y de allí brotó paz para el pecador: «justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» . En Él «la verdad brotó de la tierra» : el Verbo se hizo carne, «lleno de gracia y de verdad» . En la cruz la misericordia y la verdad se encontraron, y la justicia y la paz se besaron para siempre .
A veces creemos el perdón de Dios pero seguimos arrastrando la vergüenza, como si la deuda aún estuviera abierta. El salmo nos recuerda que Dios ya «cubrió todos los pecados» . En la cruz la justicia quedó satisfecha y la paz te fue entregada. No tienes que ganarla; solo recibirla.
Pregúntate con sinceridad: ¿Estoy pidiendo a Dios que me «vuelva a dar vida» donde algo se apagó? ¿O me he resignado a vivir sin el gozo que Él quiere devolverme en Cristo?
1. Lee despacio. ¿Por qué parecía imposible que la justicia y la paz se besaran, y cómo lo hizo posible Dios en la cruz de Cristo?
2. El salmista ora «¿No volverás a darnos vida?» . ¿En qué área de tu vida necesitas hoy que Dios vuelva a darte vida, y qué te enseña que su salvación está «cercana a los que le temen» ?
Deja de hacer por un instante. No vienes a convencer a Dios de nada; vienes a recibir la paz que Él ya habló sobre ti en Cristo. Quédate con el verso que lo resume todo y deja que el Espíritu lo grabe en tu corazón.
Señor, tú ya perdonaste mi iniquidad y cubriste mi pecado. Vuelve a darme vida donde algo se apagó. Gracias porque en la cruz de Jesús tu justicia y tu paz se besaron, y tu misericordia y tu verdad se encontraron por mí. Hazme vivir como quien ya tiene paz contigo, y haz que de mi vida brote tu verdad. En Cristo. Amén.
Lo que el salmista anheló como un sueño, Dios lo cumplió en la cruz: en Jesús la justicia y la paz se abrazan, y toda la gloria vuelve a su Nombre.
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Seguimos en los salmos de gracias y alabanza: del abrazo de la justicia y la paz pasaremos a cantar el amor fiel de Dios que nunca se acaba.
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