El Salmo 148 llama a toda la creación a a Dios: desde los cielos y los ángeles hasta el sol, la luna y las estrellas; y desde la tierra, el mar y los montes hasta los árboles, los animales, los reyes y los pueblos .
Nada queda fuera, porque Él mandó y todo fue creado, y solo su nombre es enaltecido . Ese coro inmenso encuentra su centro en Cristo, por quien y para quien todo fue hecho.
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Un amanecer sobre los montes, el mar que no termina, el cielo estrellado de una noche limpia. Hay momentos en que la creación parece decir algo más grande que ella misma, y por dentro sentimos que deberíamos responder.
El Salmo 148 toma ese asombro y lo ordena: todo lo creado tiene una sola vocación, alabar a quien lo hizo. Y tú, hecho a mano y amado, estás invitado a sumar tu voz a ese coro que nunca calla.
El salmo se abre con un llamado a los cielos: ángeles, ejércitos, sol, luna y estrellas de luz. Todos deben alabar el del Señor, porque Él mandó y fueron .
Luego baja a la tierra: mares y abismos, fuego y granizo, montes y colinas, árboles frutales, fieras y ganado, aves y reptiles. Y por fin los seres humanos, reyes y pueblos, jóvenes y ancianos, niños y doncellas. Nadie es demasiado grande ni demasiado pequeño para este coro.
Este es uno de los salmos de «Aleluya» que cierran el salterio. Su estructura es un espejo: primero lo alto (los cielos), luego lo bajo (la tierra), y en medio de todo, el nombre del Señor como único que es enaltecido. La creación no se alaba a sí misma; devuelve toda la gloria a su Hacedor .
El Nuevo Testamento nos dice por quién fue hecho todo este coro: en Cristo fueron creadas todas las cosas, y todo fue creado por medio de Él y para Él . Por eso un día toda criatura en el cielo y en la tierra dirá: al Cordero sea la alabanza y la gloria . El Salmo 148 es el ensayo de ese momento.
Las estrellas no esperan a tener un buen día para brillar, ni los montes a sentirse dignos para sostener la nieve. Cada cosa alaba simplemente siendo lo que Dios la hizo ser. Tu valor no depende de lo que produces ni de cómo te sientes hoy: fuiste hecho por Cristo y para Cristo, y eso ya es razón suficiente para unir tu voz.
A veces callamos por cansancio, por vergüenza o por distracción. El salmo nos despierta: hay un coro en marcha, y hay un lugar guardado para ti en él.
1. El salmo nombra a reyes y pueblos, jóvenes y ancianos, niños y doncellas . ¿Qué te dice que nadie quede afuera de este coro? ¿Dónde te ubicas tú?
2. «Todas las cosas en él subsisten» . ¿Cómo cambia tu día saber que Cristo sostiene incluso lo que tú no puedes sostener?
Deja a un lado la prisa. Imagina por un instante el coro inmenso del que habla el salmo: galaxias, montes, aves, pueblos enteros. Y ahora escucha que hay un lugar para tu voz, tal como estás hoy.
Señor, tú hiciste los cielos y la tierra, y todo te alaba.
Gracias porque en Cristo todo fue creado y en Él todo subsiste.
Perdona cuando callo por cansancio o por miedo.
Abre mis labios y mi vida para sumarme a tu coro.
Que mi día entero diga que solo tu nombre es enaltecido.
En Cristo. Amén.
Toda la creación canta a un solo Rey, y ese Rey tiene rostro: Jesús, por quien y para quien todo fue hecho. Que tu vida sea una nota más en ese coro, para la gloria de Dios.
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Del coro de toda la creación pasaremos al último grito de alabanza del salterio: todo lo que respira, alabe al Señor. Te espera el Salmo 150.
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