Antes de que existiera algo… no había nada. Solo oscuridad, y un abismo sin forma. Así empieza la Biblia: "la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían el abismo". Quizás conoces ese lugar.
“Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”
Génesis 1:2
Dios no huye del caos. Se cierne sobre él. Donde su Espíritu se mueve, lo revuelto empieza a tener sentido.
“Y dijo Dios: Sea la luz. Y fue la luz.”
Génesis 1:3
No hubo lucha. No hubo esfuerzo. Bastó que Él hablara. El verbo "creó" —bará— en toda la Escritura solo tiene a Dios como sujeto: crear de la nada, solo Él.
Fue separando y llenando, y una y otra vez dijo: "y vio que era bueno". Nada fue accidente. Todo, pensado y amado. Y al final:
“Hagamos al hombre a nuestra imagen.”
Génesis 1:26
No eres un número perdido en el universo. Eres imagen suya, puesto aquí a propósito.
Lo que escuchas y lees aquí es una ayuda para meditar la Escritura, no la voz de Dios. La voz de Dios es su Palabra. Deja que estas imágenes solo te lleven de la mano hacia ella.
Siglos después, otro texto empezó con las mismas palabras, para revelar un secreto:
“En el principio era el Verbo… y todas las cosas por él fueron hechas.”
Juan 1:1-3
Esa Voz que sacó luz de la oscuridad tiene rostro: es Jesús. Y el mismo que dijo "sea la luz" quiere volver a hablar sobre tu caos — y hacerte nueva criatura (2 Co 5:17).
Señor, tú creaste todo con tu Voz. Sobre mi vacío y mis tinieblas, muévete otra vez. Di sobre mi caos: "sea la luz". Y hazme, en Cristo, nueva criatura. Amén.
Cuando estés listo, entra a la reflexión. Nadie verá tus respuestas: quedan solo en este dispositivo.
Donde había vacío, Él dijo: sea la luz.
"Si alguno está en Cristo, nueva criatura es." — 2 Corintios 5:17
Da un paso hoy: dile a alguien que su vida no es un accidente — que fue creado con amor, a propósito.